
La crisis climática se presenta frecuentemente a través de estadísticas sobre emisiones de CO2, incrementos de temperatura, sequías y desplazamientos. Sin embargo, la Asociación Líbero, una entidad con sede en Málaga, España, propone que estos datos se transformen en experiencias lúdicas que hagan accesible el tema a cualquier persona, con un enfoque especial en sensibilizar a niñas, niños y adolescentes.
La propuesta de la asociación se basa en la idea de que un videojuego puede no solo informar a los usuarios sobre la crisis climática, sino también motivarlos a tomar decisiones al respecto. Administrar recursos, abordar conflictos sociales, enfrentar el aumento del nivel del mar o evitar que un reloj climático llegue a cero son algunas de las maneras en que buscan convertir un tema complejo en una experiencia más cercana y comprensible.
El lanzamiento de Planet Clock
El proyecto más reciente de la asociación se denomina Planet Clock, inspirado en el reloj climático, que mide el tiempo restante para prevenir que el calentamiento global alcance niveles críticos. Aunque el juego se encuentra en fase de prueba, Líbero tiene planes de presentarlo oficialmente en septiembre en Málaga. Además, se prevé llevar una muestra a instituciones educativas y universitarias en países como México, Argentina, Malta, Turquía, Uzbekistán y Kazajistán.
Jimena Yisel Caballero, especialista en Comunicación y docente en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), es la encargada de diseñar los videojuegos. Ella explica que el objetivo es que los jugadores comprendan el cambio climático como un fenómeno interconectado con decisiones políticas, sociales y económicas.
Responsabilidad y decisiones en el juego
“El reto era crear un videojuego en el que los jugadores se sintieran responsables de este reloj climático, que es un indicador oficial diseñado para medir cuánto tiempo le queda al planeta”, señala Caballero.
Desafíos éticos y decisiones críticas
En Planet Clock, los jugadores interactúan con un mapa dividido en regiones, cada una con sus propios niveles de emisiones, condiciones climáticas y conflictos. Durante el juego, se presentan notificaciones que obligan a los usuarios a tomar decisiones cruciales, como el aumento del nivel del mar, poblaciones en riesgo o inversiones públicas para enfrentar emergencias.
Caballero ilustra esto con un ejemplo: si en una región la población comienza a protestar por la escasez de agua, el juego ofrece diversas opciones. Los jugadores pueden optar por impulsar un cambio político, dialogar con la comunidad o no hacer nada. Cada decisión afecta el escenario, y la falta de intervención puede llevar a conflictos más graves.
Además, el juego plantea dilemas éticos que buscan generar conciencia entre los jugadores. En ciertos momentos, deberán decidir cómo priorizar recursos limitados, ya sea salvando especies en peligro de extinción, protegiendo comunidades humanas, invirtiendo en infraestructura o asumiendo costos políticos.
