Silvia Suárez Luque (Avilés, 1976), jefa de servicio de Salud Ambiental de la Consellería de Sanidade, detalla el proceso de cálculo de las alertas sanitarias por altas temperaturas, enfatizando que la medición del calor no se limita únicamente a los grados centígrados. Además, ofrece una perspectiva sobre cómo Ourense enfrenta estos meses de complejidad climática.
El Proceso de Activación de Alertas por Calor
Cuando la Consellería de Sanidade activa una alerta por calor, se está midiendo el riesgo potencial que el exceso de temperatura representa para la población. Para la elaboración del mapa de alertas, se consideran los episodios climáticos definidos por MeteoGalicia, que se basan en las temperaturas máximas, mínimas y su continuidad en el tiempo. Además, se utiliza el sistema MeteoSalud, desarrollado por el Ministerio de Sanidad, que se apoya en datos de la Aemet y del MoMo, el cual estima el exceso de mortalidad asociado a las altas temperaturas. La combinación de ambos sistemas permite una evaluación más precisa del riesgo.
Las alertas sanitarias tienen como objetivo principal emitir recomendaciones a la población y prestar especial atención a los grupos más vulnerables, como las personas mayores de 75 años, aquellos con enfermedades crónicas, niños y, en particular, bebés, quienes aún no han desarrollado un sistema de termorregulación efectivo. También se notifica a los servicios sanitarios sobre la posibilidad de un aumento en las consultas o ingresos debido a las condiciones climáticas extremas.
Impacto de las Altas Temperaturas en la Salud
El sistema MoMo atribuye muertes a la temperatura a través de estimaciones basadas en análisis estadísticos. Este sistema compara la mortalidad esperada con la observada y, si se registran más muertes de las previstas y se superan ciertos umbrales de temperatura, se estima que ese exceso puede ser atribuido a las condiciones climáticas. Sin embargo, es importante aclarar que esto no implica que todas las muertes sean certificadas individualmente como causadas por el calor, ya que muchas patologías crónicas pueden agravarse en estas circunstancias.
Aunque no se puede afirmar científicamente que los habitantes de Ourense tengan una mayor tolerancia al calor, sí se observa una adaptación social y de comportamiento. En la región, es común encontrar espacios públicos equipados con aire acondicionado, lo que no siempre es el caso en áreas donde las altas temperaturas no son frecuentes. A medida que se presentan más episodios de calor, la sociedad adapta sus hogares, espacios públicos y rutinas para hacer frente a las condiciones climáticas.
Desigualdad Social y Vulnerabilidad
La población envejecida de Ourense también plantea un riesgo adicional, ya que las personas mayores son especialmente vulnerables debido a un deterioro en su sistema de termorregulación y a una menor sensación de sed. Además, la edad a menudo está asociada con un aumento en las enfermedades crónicas, lo que puede intensificar los efectos del calor en la salud de estas personas.
La desigualdad social también juega un papel crucial en la capacidad de adaptación a las altas temperaturas. Las personas con menos recursos enfrentan mayores dificultades para protegerse del calor. Aquellos que viven en viviendas sin aire acondicionado o que no pueden permitirse descansar adecuadamente durante las noches calurosas se ven más afectados, lo que puede llevar a un deterioro en su salud general.
En este contexto, es esencial que el sistema sanitario responda con anticipación a las alertas de calor, asegurando que se dispongan de los recursos necesarios y que se implementen sistemas de respuesta ágiles. La comunicación efectiva de las recomendaciones es fundamental para proteger la salud de la población, especialmente en un escenario donde el cambio climático plantea desafíos cada vez mayores para la salud pública.

