La imagen más sorprendente del Día de las Fuerzas Armadas en Vigo se produjo antes de que comenzara el gran desfile. La bandera de España, que debía presidir la ceremonia, cayó durante la maniobra de izado, lo que obligó a modificar el protocolo establecido. Minutos antes, se había confirmado la suspensión del desfile aéreo y del salto paracaidista debido a las adversas condiciones meteorológicas. La niebla y los cielos cubiertos impidieron la participación de las aeronaves, frustrando uno de los momentos más esperados del programa.
Multitudinaria celebración
A pesar de estos contratiempos, Samil acogió una celebración masiva que reunió a miles de personas en una jornada histórica para la ciudad, que por primera vez fue sede principal de los actos centrales del Día de las Fuerzas Armadas. Según cifras proporcionadas por la Subdelegación del Gobierno, aproximadamente 100.000 personas siguieron el desfile a lo largo de la avenida. Desde temprano, ciudadanos comenzaron a llegar para asegurar un buen lugar, y antes de las nueve, numerosas familias ya ocupaban distintos puntos a lo largo del recorrido de 1.165 metros. Banderas de España, cámaras de fotos y teléfonos móviles acompañaron una espera que se extendió durante varias horas.
El acto comenzó poco después del mediodía con la llegada de los Reyes y de la princesa Leonor. Felipe VI vistió el uniforme del Ejército de Tierra, mientras que la reina Letizia lo acompañó; la heredera lució el uniforme del Ejército del Aire y del Espacio, pocos días después de completar parte de su formación en paracaidismo en la base de Alcantarilla. Esta fue además su primera participación en el acto central del Día de las Fuerzas Armadas.
Incidente y homenaje
Los honores fueron realizados por unidades de la Guardia Real. Tras la revisión a las tropas, llegó el momento del izado de la bandera, momento en el que ocurrió uno de los incidentes del día. La enseña nacional se precipitó durante la maniobra y tuvo que ser retirada. La Guardia Real la recogió y la depositó en una bandeja ceremonial. Finalmente, la bandera del Batallón de Honor de la Guardia Real, la más antigua entre las presentes, pasó a presidir el acto. La meteorología también obligó a cancelar el salto de los paracaidistas Alberto Vidal, natural de Pontevedra, y Pablo García Matanza, de Lugo. Tampoco pudieron despegar las 17 formaciones aéreas previstas ni llevarse a cabo las exhibiciones programadas. La niebla persistió durante toda la mañana, privando a los asistentes de una de las principales atracciones. A pesar de estos contratiempos, la ceremonia recuperó su solemnidad con el homenaje a los caídos. Felipe VI y la princesa Leonor depositaron una corona de laurel en memoria de quienes perdieron la vida en acto de servicio. Más de 700 invitados presenciaron el tributo, entre ellos familiares de militares fallecidos, y el emotivo acto fue acompañado por un prolongado aplauso del público.
A continuación, comenzó el despliegue terrestre, el gran protagonista de la jornada. Un total de 3.746 militares de la Guardia Real, el Ejército de Tierra, la Armada, el Ejército del Aire y del Espacio, la Unidad Militar de Emergencias y la Guardia Civil recorrieron la avenida de Samil. La primera parte correspondió al desfile motorizado, donde más de un centenar de vehículos atravesaron el paseo marítimo. Las motocicletas Harley-Davidson de la Guardia Real abrieron la marcha, seguidas por vehículos todoterreno de la Brigada Galicia VII, carros de combate Leopard y Pizarro, vehículos Vamtac fabricados en Galicia, blindados Dragon 8×8, medios anfibios de la Armada y una amplia representación de la UME. El despliegue concluyó con los vehículos y embarcaciones de la Guardia Civil.

