
¿Quién dijo que los videojuegos de automóviles deben limitarse a ser solo carreras? Desde el inicio del género, ya sea en títulos altamente simulativos o más arcade, el objetivo ha sido siempre llegar primero, superando a todos los oponentes, para luego competir en campeonatos, como en los casos de la Fórmula 1 o MotoGP. Incluso los juegos más arcade, como Mario Kart, se centraban principalmente en ganar carreras, aunque a veces incluían modos más extravagantes como complemento.
No obstante, en los últimos años, esta tendencia ha comenzado a transformarse lentamente. Los videojuegos de autos están cada vez menos relacionados con el simple concepto de carrera y han empezado a explorar «nuevos caminos», menos restringidos a rutas predeterminadas. Así surgieron varios títulos que prefieren sumergir al jugador en vastos mundos abiertos, brindándole la libertad de hacer lo que desee.
Una nueva experiencia de juego
En este tipo de juegos de carreras, las competiciones siguen siendo parte de la experiencia, pero solo representan una fracción de la misma. Gran parte del atractivo radica en explorar el mundo del juego, descubrir vistas únicas, paisajes impresionantes y diversas actividades secundarias, lo que permite a los jugadores disfrutar de la conducción a su propio ritmo, sin la presión constante de tener que llegar primeros a toda costa.
Los orígenes de los videojuegos de autos en mundo abierto se remontan a 1986. El primer título reconocido con esta propuesta fue Turbo Esprit para ZX Spectrum y Commodore 64. Considerando la época de su lanzamiento, era un juego bastante limitado desde el punto de vista técnico, pero ya permitía moverse libremente por cuatro ciudades persiguiendo a traficantes de drogas por las calles.
Referentes modernos
Unos veinte años después, llegó lo que podemos considerar el verdadero referente de los videojuegos modernos de carreras en mundo abierto: Test Drive Unlimited. Este título, publicado por Atari, estaba ambientado en una isla vagamente inspirada en O’ahu, Hawái, y ofrecía nada menos que 1,600 kilómetros de carreteras transitables, con la posibilidad de conducir fuera de las rutas principales.
El núcleo de la experiencia seguía siendo las carreras contra la CPU u otros jugadores en línea, pero para su época resultaba increíblemente innovador poder compartir el mismo mapa con docenas de usuarios que recorrían libremente la isla, retándose entre sí o simplemente explorando sin rumbo definido.
