El futuro del Concello de Ourense
El Concello de Ourense está en proceso de implementar un plan definitivo para eliminar el mayor «esqueleto» urbanístico de las últimas décadas en la ciudad. El Ministerio para la Transición Ecológica ha otorgado una subvención directa de 650.000 euros que se destinará a demoler el inacabado Centro de Interpretación dos Parques Naturais de Galicia en Quintela y a transformar la actual parcela de hormigón en un bosque autóctono. Esta decisión afecta los planes del actual alcalde, quien había propuesto convertir el área en un aparcamiento termal.
Las condiciones de la ayuda estatal establecen un calendario estricto: la zona debe estar limpia y renaturalizada antes del 31 de mayo de 2027. Con solo trece meses restantes, el Concello ya se encuentra retrasado. Desde que recibió oficialmente la subvención a principios de enero, han pasado más de tres meses solo para habilitar el crédito en las cuentas municipales, cuyo decreto no fue firmado por el alcalde hasta el pasado 26 de marzo.
Un legado de ineficiencia
Este caso representa un naufragio institucional y financiero que refleja lo peor de la gestión pública. Todos los partidos políticos han contribuido a este desastre, ya que algunos se justificaron en la crisis económica, otros en la inundabilidad del terreno y otros en la burocracia, lo que resultó en la pérdida de fondos europeos y la inversión de más de dos millones y medio de euros sin resultados.
Para comprender la magnitud de este problema, es necesario retroceder a los años previos a la crisis inmobiliaria. En 2007, durante el mandato del bipartito en la Xunta, el entonces conselleiro socialista Pachi Vázquez propuso un macroproyecto con un presupuesto inicial de diez millones de euros para un edificio diseñado para atraer a cien mil visitantes anuales. La burocracia avanzó rápidamente, aprovechando la coincidencia de partidos en el gobierno de la Xunta, el Gobierno central y el Concello.
Un proyecto fallido
En 2008, el Concello modificó su Plan Xeral de Ordenación Municipal para convertir miles de metros cuadrados de suelo deportivo en dotacional, facilitando así la llegada de fondos europeos del Ministerio de Medio Ambiente, dirigido por Elena Espinosa. El proyecto alcanzó su punto culminante en octubre de 2010 con la colocación de la primera piedra, donde se reunieron representantes del Estado, del gobierno municipal (PSOE y BNG) y de la Xunta del PP.
Sin embargo, en 2011, el convenio de financiación firmado entre la Xunta y el Estado expiró, y la falta de acuerdo para prorrogarlo detuvo las obras. El entonces alcalde, Paco Rodríguez, intentó sin éxito reactivar el proyecto, mientras que la Xunta de Feijóo se escudaba en la crisis económica. La situación se complicó aún más cuando la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil declaró la parcela como zona de flujo preferente e inundable, convirtiendo el museo en una estructura ilegal y peligrosa.
A pesar de los intentos de revivir el proyecto, el edificio quedó expuesto al vandalismo y al deterioro durante catorce años. Finalmente, en julio de 2024, la administración autonómica firmó la reversión de los terrenos al Concello, lo que abre una nueva etapa para la zona.

