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La transformación urbanística en Ourense está poniendo a prueba la resistencia del tejido comercial local. Tras diez meses de obras en la Avenida de Portugal y O Vinteún, los comerciantes enfrentan un panorama complicado, donde deben abrir sus puertas en medio de maquinaria pesada, vallas y zanjas que obstaculizan el aparcamiento y dificultan el acceso de los clientes. En el Casco Vello, las obras parecen no tener fin, con un goteo constante de pequeñas reformas que interrumpen el funcionamiento normal de los comercios. La calle Pena Trevinca ha sido el último escenario en sumarse a esta problemática, tras el hundimiento de la carretera a finales de enero. Esta situación se traduce en pérdidas económicas, problemas logísticos y un creciente aislamiento vecinal.
Se ha resentido el negocio, sobre todo en los desayunos
En la Avenida de Portugal, los trabajos iniciados la pasada primavera han agotado la paciencia de los vecinos. La convivencia con el polvo y el barro dificulta el acceso a los locales, y la falta de aparcamiento impide cargar compras o simplemente disfrutar de un café. Antonio Fernández Alfonso, un comerciante de la zona, destaca que los vecinos apenas pueden caminar por las aceras cortadas, lo que lleva a que la gente evite salir de casa y las ventas se resientan.
Yo pienso que esto no va a ser eterno. Esperemos que terminen como está previsto, en este mes, porque es incómodo para trabajar

