julio 27, 2026

Martiño Ramos Soto y el fallido autorretrato de la impunidad

Martín Soto se mueve con gracia en una azotea convertida en discoteca vintage en La Habana Vieja. Es 24 de octubre y aún falta un mes para que se haga público su arresto. Martín observa atentamente los movimientos de una joven que baila. Su sonrisa, con un perfil que recuerda a un lobo, contrasta con la gravedad de su situación: un nombre real que carga con una condena de 13 años por abuso sexual y una orden de captura. Sin embargo, parece no sentir remordimientos.

El psicólogo y perito judicial ourensano Roberto González, analiza el comportamiento social de Martiño Ramos Soto y señala: “No sentía ninguna culpa. La ausencia total de remordimiento se produce cuando se deshumaniza a la víctima. Si careces de empatía, no sientes la necesidad de bloquear nada”.

Un Cazador en la Selva Urbana

Entre la sorpresa por la naturaleza de su crimen y la premeditación de su escape, aquellos que siguieron la noticia de su paradero se sorprendieron por la forma en que Martiño publicitaba su vida social en La Habana a través de publicaciones en Instagram, así como citas musicales y literarias. “Comportarse de esa manera en Cuba, teniendo en cuenta la afinidad ideológica y moviéndose en círculos que aparentan ser feministas y comprometidos con causas sociales, responde a la lógica de un cazador: conoce a su presa y se mimetiza entre ellas. Es lo que quiero y lo consigo”, argumenta González.

Las noches de bohemia y de ilusión para Martiño se extendieron mientras permanecía oculto en uno de los pliegues de @lacurvadelaluz, como lo anunciaba su ahora eliminada cuenta de Instagram. ¿Acaso pensaba que podría ocultar la verdad con el destello de sus fotografías? El encuadre de su objetivo se encontró, lo que en jerga fotográfica se conoce como: explotado. Las luces intensas de cada toma desdibujaron los contrastes.

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Un Autorretrato de Impunidad

La libertad que alcanzó Martiño en Cuba, tras una fuga transatlántica, tenía una cuenta regresiva silenciosa. Al inspirarse en sí mismo y crear un autorretrato de la impunidad, reveló los oscuros matices de su personalidad, cuya naturaleza de predador se hacía evidente, a veces como simple observador y otras de forma más visible, como en esa instantánea con gesto lobuno en una azotea, mientras observa a una chica bailar en una joven noche de La Habana Vieja.

La complejidad de su situación y la forma en que se desenvolvía en un entorno que aparentaba ser acogedor y cultural, contrastan con la gravedad de su pasado. La dualidad de su vida, entre el arte y el crimen, plantea interrogantes sobre la naturaleza humana y la capacidad de algunos para deshumanizar a los demás mientras buscan su propia satisfacción.

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